sábado, 22 de mayo de 2010

Paseo en solitario por el río Gualeguaychú y arroyo La Capilla

Hoy sábado, después de dos semanas sin salir a remar me fui a dar una vuelta por el río Gualeguaychú. La idea era la de llegar hasta el arroyo la capilla y recorrerlo, ademas tenía pensado quedarme a pescar en el, en algún lugar que me gustara.
Zarpé temprano, antes de las ocho de la mañana estaba entrando en el agua en la rampa que está junto al puente Méndez Casariego. Como estaba para llover me coloqué el cubre cockpit y llevaba la capa a mano por si se ponía a llover con intensidad.
A los pocos metros de zarpar empezó a alumbrar el sol y me ilusioné, pensé que tendría un día sin lluvia. Me equivoqué, a la media hora de viaje se nubló totalmente y empezó a caer una llovizna, como estaba preparado, y para evitar mojarme que es algo complicado en esta época, me coloqué la capa y seguí remando hasta llegar al arroyo La Capilla. Entré en el y navegué hasta donde se puso complicada la vegetación, hubiese podido seguir un poco mas, pero mi idea era la de remar tranquilo y probar suerte con la pesca, así que regresé, como la valija con los anzuelos estaba en el tambucho de popa, debí buscar un lugar sin barro para descender y sacar los anzuelos y la carnada, la caña con el reel venía sobre la cubierta de proa.
Armé el equipo, encarné y tiré el ancla en medio del arroyo. Como no había respuesta decidí subir el ancla y dejarme llevar por el viento y la corriente hacia el Gchú. con la línea que venía detras mio. En un momento hubo un pique, pero se desapareció, así que seguí saliendo por el arroyo, una vez que llegué al río tomé aguas arriba un tramo hasta unas pequeñas playas con arena en la cual descendí y acomodé la carnada y volví a tirar el Pasternoster que estaba estrenando, mientras esperaba me puse a almorzar unas salchichas. El pique no se hizo esperar, a los poquitos minutos, la boya desaparecía de la superficie, recogí la línea y venía un bagre amarillo de buen tamaño. Lo desenganché, y como no había llevado el bichero en el que se mantienen con vida los peces hasta terminar la jornada de pesca, lo devolví al agua, me dio lastima matarlo. Así que ahí terminó la jornada de pesca, junté la línea con el reel y guardé todo, no me gusta lastimar a los peces si no los voy a comer y matar uno por si despues pescaba otro no me pareció bien.
Preparé el mate, bajé el banquito plegable que llevo en el kayak y me quedé un buen rato descansando.
Después seguí aguas abajo hasta la isla que está a margen derecha del corte, ahí me fui muy despacio mirando la costa, viendo los árboles y camalotes que hay en ella, después crucé hasta la boca del Venerato, en el entré un pequeño tramo y regresé al Gchú.
Al salir de ahí me dirigí a la curva del sur, en ella han realizado un canal artificial posiblemente para alguna arrocera, entre en el hasta el fondo, y salí nuevamente.
En eso llegó Marcelo que se había ido en el barco con un matrimonio amigo, me buscó por radio, yo llevaba mi handie, y nos encontramos un ratito, le dejé mi valija de pesca pues la de el se había quedado en el baúl del auto, charlamos dos palabras y emprendí el regreso a la ciudad.
Estuvo bueno, fueron mas de 27 km y siete horas y veinte minutos de paseo.
La pasé muy lindo, sobre todo muy tranquilo, voy a repetir el viaje para pescar, pero esta vez trataré de llevar el bichero.




El otoño está dejando su marca en algunos árboles.




Arroyo La Capilla, siempre distinto y siempre hermoso.






La vegetación se va cerrando.



Hasta aquí lo navegué, no quise seguir, hubiese pasado fácilmente pero no tenía ganas de eso hoy.







Este es el Venerato, en realidad es muy parecido a La Capilla.
Están muy cerca el uno del otro, por lo que es normal que sus costas estén cubiertas por el mismo tipo de vegetación.



Esta es la playita en la que almorcé, vean las raíces de los árboles que quedan al aire debido a la erosión del agua.






El color espectacular de este árbol. Se ven muchos con ese color debido al otoño.





Mi bote luciendo su bandera.

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